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El desafío de la salud mental en migrantes climáticos » Yale Climate Connections


El huracán María marcó un hito al convertirse en el primer ciclón de categoría 4 en golpear directamente a Puerto Rico en 85 años. Su embate el miércoles 20 de septiembre de 2017 fue catastrófico, dejando a la gran mayoría de la población de la isla, compuesta por más de tres millones de ciudadanos estadounidenses, sin electricidad. “Es una experiencia que no puedo describir. El sonido del viento del huracán es aterrador, es algo espantoso, que se intensifica en la madrugada,”compartió vía telefónica Miosoty Torres.

Miosoty se trasladó junto a sus dos hijos a casa de su madre para que no estuviera sola durante el paso destructor del ciclón. “El árbol de panapén de la casa de mi mamá se cayó completamente de una manera horrible durante esa noche, pero lo peor vendría después.” Han pasado casi siete años desde el paso del huracán, y Miosoty sigue enfrentando problemas de ansiedad. Ella cree que una de las causas de su ansiedad es que nunca recibió ayuda psicológica.

De la normalidad al caos en una madrugada

A la mañana siguiente, Torres fue a ver en qué condiciones estaba la casa alquilada donde vivió durante siete años con sus hijos. Allí estaban sus muebles, los electrodomésticos que había comprado y todas sus cosas. La vivienda estaba en un segundo piso y el techo era de zinc. “Cuando subí, me di cuenta de que debajo de la puerta podía ver el sol y pensé esto no es normal. Cuando abrí encontré la casa sin techo y completamente inundada, la vivienda fue declarada pérdida total”, relató Torres.

La joven madre vivió días sin luz, ni agua, enfrentando filas de dos o tres horas para retirar dinero de los cajeros automáticos porque los comercios solo aceptaban efectivo y con frecuencia, cuando era su turno, el dinero ya se había agotado. Incluso tuvieron que recurrir a buscar agua en un río para poder lavar la ropa.

Una foto de un hueco en un techo mirando al cielo. Una foto de un hueco en un techo mirando al cielo.
El techo de la casa de Torres tras el paso de Huracán Maria. (Crédito de imagen: Miosoty Torres)

Puerto Rico se encontraba en una situación sin precedentes, donde sus habitantes se vieron de un momento a otro sin recursos. “No tenía casa, no tenía donde vivir y surgió la oportunidad de que en mi trabajo me transfirieran a Orlando.” Comentó Torres. “Tuve que dejar a mis hijos por unas semanas, pero estaba decidida a irme”.

Una migración en masa

Torres fue una de los más de 300 mil puertorriqueños que dejaron la isla luego del paso arrasador de ‘María’. “Después del Huracán María se estimó que unas dos mil personas partían de Puerto Rico diariamente y cuatro meses después del evento se calculó que más de 300 mil personas habían salido de la isla”, comentó la Socióloga y Profesora de la Universidad de Columbia, Frances Negrón Muntane, durante la presentación de su investigación “La isla que se vacía: expulsión puertorriqueña en tiempos posteriores a María” en febrero de 2020 celebrada en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.

Ayuda psicológica

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) define la migración climática como “el desplazamiento de una persona o grupos de personas que, principalmente por razones de cambios repentinos o progresivos en el medio ambiente debido al cambio climático, se ven obligadas a abandonar su lugar de residencia habitual, o eligen hacerlo, ya sea temporal o permanentemente, dentro de un estado o cruzando una frontera internacional”.

Una foto de una mujer en una chaqueta blanca y pantalones marrones.Una foto de una mujer en una chaqueta blanca y pantalones marrones.
Torres emigró a Florida en Octubre de 2017. (Crédito de imagen: Misoty Torres)

Torres emigró a Florida en octubre de ese mismo año. Después del huracán María, Torres no recibió ningún tipo de ayuda psicológica. “Nunca pensé que la necesitaría, pero pasó el tiempo y me di cuenta de que sufría de estrés postraumático” dijo ella. La joven explica que se sintió cohibida de pedir ayuda psicológica porque los seguros en médicos en Estados Unidos son muy caros en comparación con Puerto Rico. “Me enfoqué en trabajar y traer a mis niños.” Torres dijo que nunca le ofrecieron ayuda psicológica, ni emocional. A raíz de ello empezó a sufrir problemas de ansiedad hasta la actualidad.

Alicia Sewald-Cisneros, consejera profesional licenciada, es certificada en terapia de trauma complejo y analiza la situación de los migrantes, aunque nunca trató a Torres de manera directa. Sewald-Cisneros explicó vía email que cuando ocurren este tipo de eventos es cuando regularmente los seres humanos se resisten más. “Cuanto más resistimos el cambio, más se siente, y mientras más estrés, más se ve afectada de manera negativa nuestra salud mental.” La consejera explica que el trauma se caracteriza por una pérdida de control de vida marcado por un evento o serie de eventos, los cuales tienen una consecuencia que se percibe como negativa. “Por lo general se percibe como que la vida es de una manera antes del evento o eventos y muy distinta después”, puntualizó.

La psiquiatra Clara McHugh, especializada en trastornos de ansiedad sostiene vía telefónica que el migrante climático toma la decisión de irse de su país de origen para proteger su vida. “El migrante climático es un migrante que no estaba preparado para migrar, a diferencia de otro tipo de migrantes que han trazado un plan, los migrantes climáticos lo hacen en respuesta a un evento súbito”.

Los factores que influyen en el trastorno de estrés postraumático

Un estudio liderado por el doctor en Filosofía y PhD en trabajo social del Boston College, J.C. Hodges, abordó cómo el trauma previo al Huracán María y los factores estresantes culturales relacionados con la migración influyen en la gravedad de los síntomas del trastorno de estrés postraumático (TEPT) en migrantes puertorriqueños que se establecieron de manera permanente en Estados Unidos después del huracán. Para ello, se analizaron datos de 319 adultos puertorriqueños que vivieron el huracán y se mudaron a los Estados Unidos continental. Se encontró que aproximadamente uno de cada cinco migrantes (20.5%) mostró síntomas de TEPT. Específicamente, la discriminación y el estrés lingüístico estuvieron fuertemente vinculados con el TEPT incluso después de controlar el efecto del trauma del huracán.

Los hallazgos del estudio, resaltan la importancia de proporcionar apoyo de salud mental y otros apoyos psicosociales a los sobrevivientes y evacuados de huracanes más allá de las consecuencias inmediatas del desastre. Además, señalan la necesidad de considerar tanto el trauma previo a la migración como las experiencias post migratorias en términos de la salud mental de las poblaciones migrantes en crisis. Esto sugiere que las intervenciones deben abordar tanto los aspectos relacionados con el evento traumático como los desafíos culturales y lingüísticos asociados con la migración para garantizar un adecuado apoyo a estas poblaciones vulnerables.

Helena Olea, vicedirectora de Programas en Alianza Américas, abogada especializada en derecho internacional y derechos humanos, afirmó vía telefónica que todavía hay mucho por hacer para apoyar a los migrantes climáticos. “Hemos visto algunos programas de información y sensibilización que ayudan en las comunidades de tránsito o de acogida.” Sin embargo, ella explicó que aún existe una “disparidad gigantesca” entre las necesidades de atención y los servicios ofrecidos en términos de competencias idiomáticas y barreras de acceso como falta de seguro médico y papeles de identificación. La abogada también explicó que existe un estigma acerca de la ayuda psicológica, y eso también es una barrera que superar.

La doctora McHugh enfatizó en que la ayuda debe brindarse en el idioma materno. “Es importante que en países multiculturales las víctimas de estos eventos extremos sean apoyados con psicoterapia en su lengua materna. Eso les da confianza, oportunidad de expresarse y tranquilidad”.





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